“Al final de la vida se necesita intimidad y garantizar la dignidad de la persona” #OctAR16

Julio Zarco es especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Desde hace poco más de un año es director general de Coordinación de la Atención al Ciudadano y Humanización de la Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid. En la entrevista, confesaba que la política, para él, era una experiencia transitoria y que echaba de menos la asistencia sanitaria.

Fue el ponente que inauguró la XII Jornada Nacional de Artritis, organizada por ConArtritisAmapar, en la que habló de síntomas y tratamientos de dicha enfermedad reumática.

Hace poco ha visto la luz el Plan de Humanización de la Comunidad de Madrid, pero… ¿no ha tardado mucho en llegar?
Sí, ha tardado mucho en llegar; pero es cierto que las cosas llegan cuando el ambiente está preparado para ocurran. El Sistema Sanitario Madrileño, al igual que otros sistemas sanitarios, es muy complejo: tiene muchísima gente, muchas estructuras, muchos dispositivos… y eso genera, a veces, muchas disfunciones.

En la Comunidad de Madrid llevábamos tiempo pensando que teníamos que lograr que el sistema sanitario fuera más amable. Y efectivamente, ha tardado pero bienvenido sea. Hemos trabajado durante todo un año para conseguir un plan en el que han trabajado 300 personas. Tiene 10 líneas estratégicas muy interesantes y creemos que es un plan ambicioso y único en España.

Ponen el foco en aspectos clave como el final de la vida. ¿Hay que rediseñar la muerte?
Más que rediseñar, lo que hay que hacer es reorientar los cuidados para que estén centrados en el paciente y en la familia. También, nos hemos dado cuenta que hay áreas de alta sensibilidad en los hospitales, por ejemplo las UCI´s o Urgencias donde las cosas se podían hacer muchísimo mejor.

Entonces, al final de la vida se necesita intimidad, garantizar la dignidad de la persona, la cercanía de la familia a la persona que está falleciendo… y todo eso significa un replanteamiento de acciones.

En el plan, también se apuesta por el autocuidado… ¿Es la clave de la sostenibilidad del sistema sanitario?
Sí, pero no solo hace que el sistema sea más sostenible. El autocuidado  es fundamental porque también genera mucho empoderamiento de ciudadanos y pacientes. Lo que pretendemos es que cada vez los ciudadanos estén más informados y tengan la capacidad de tomar decisiones.

La salud es un bien intransferible. No es un bien del Estado ni de la Comunidad Autónoma. Es de la persona. Por eso, es la persona la que tiene que tomar decisiones. Por nuestra parte, los profesionales sanitarios tenemos que ser asesores para guiarlos hacia las decisiones más adecuadas.

Al final, el autocuidado está muy relacionado con todo lo que tiene que ver con una sociedad más vertebrada, más organizada y más formada.

¿Han contribuido a ello la tecnología?
Sí, aunque me gustaría añadir que las tecnologías tampoco llegan a todo el mundo. Muchos pacientes son crónicos, mayores y el mundo de la tecnología le queda un poquito más lejos.

Lo que está claro es que el mundo de la tecnología también se integran más en nuestra toma de decisiones, en las acciones y son una parte más del equipo médico. Con esta perspectiva, todo el Plan de Humanización, en contra de lo que se puede llegar a pensar, está impregnado en nuevas tecnologías. Hablamos de correo electrónico, webcam, telemedicina… Se puede hacer una asistencia sanitaria muy humana y muy tecnológicamente avanzada. Se dan la mano.

¿Está consiguiendo la esalud que se termine con el paternalismo de la medicina?
Sí. La relación médico-paciente, evidentemente, ya es distinta. Ya no existe aquella relación paternalista ya no existe como cuando yo empecé a ejercer la medicina hace 30 años.

Sin embargo, cuando un paciente acude a la consulta de un profesional es porque tiene angustia, miedo, dolor o incertidumbre. Quizá puede creer que su vida puede llegar a extinguirse. Estos factores hacen que se genere una dependencia del profesional que tiene delante.

Estos afectos, a veces, hace que se paternalice la relación. Por lo que creo que hay un germen paternalista de difícil extinción que, mientras los humanos seamos humanos, siempre va a estar ahí. Y por supuesto, es muy difícil que una máquina supla el mundo de los afectos: una mirada, una caricia, una escucha activa de una persona entrenada para ello.

Hablamos de humanizar la sanidad cuando somos humanos…
Por eso, a mí me gusta el término re-humanizar la sanidad y creo que es necesario. Los pacientes, cuando acuden a nosotros, están enfermos y en una situación de vulnerabilidad.

Pero cuando acudes a un hospital –en los grandes hospitales de Madrid puede haber hasta 7000 y 8000 trabajadores- a veces, ocurren cosas que no nos gustan: están masificados, las circunstancias no son las adecuadas, no se tiene que cuenta que la gente se cansa de esperar, tiene angustia, ansiedad, miedo, quiere información o quiere que le acompañen.

Entonces, la re-humanización es la gestión de la política de pequeños gestos: si están operando a mi hijo, quiero información cada 60 o 90 minutos y si entro en Urgencias quiero que me pueda acompañar mi mujer. Son cosas sencillas y es cuestión de organización y actitud.

¿Se le está empezando a dar más importancia a la experiencia del paciente?
Sí, cada vez más. Cada vez escuchamos más a los pacientes. Ahora, en todos los hospitales, existen las Comisiones de Calidad Percibida. Son equipos multidisciplinares del hospital, donde también hay pacientes, que velan por la conocer y mejorar la experiencia del paciente.

O, por ejemplo, la nueva Ley de Investigación y Ensayos Clínicos, establece que los pacientes tienen que sea una parte activa del proceso. Afortunadamente, después de muchos años, la sociedad civil empieza a tener voz, en lo que realmente siempre debería haberla tenido.

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