“El cerebro está hecho para predecir y no para recordar” #CellTherapy

El pasado 15 de julio tuvo lugar el X Curso Cell Therapy: from the bench to the bedside and return”, organizado por la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) y la Universidad de Murcia.

Yo participaba en la mesa redonda: “Regenerative medicine in the Media” donde analizamos cómo se podría incrementar la difusión de noticias acerca de terapia celular, en los medios de comunicación. Inevitablemente, terminamos hablando de la televisión y del gran espacio que ocupa la telebasura en la parrilla.

Esta idea desembocó en una conversación, en formato entrevista, con uno de los ponentes más relevantes del congreso, Salvador Martínez. Es director del Instituto de Neurociencias de Alicante y uno de los más prestigiosos neurólogos que tenemos en España.

Terapia Celular2

¿Cómo explica el efecto hipnótico de la telebasura en algunas personas?
Necesitaba explicar por qué se ven programas de telebasura. Estoy estudiando el formato de estos programas para entender qué es lo que atrae a las personas. Me he dado cuenta que el cerebro se engancha a un ruido de fondo y, a veces, llega a sincronizarse con él.

Por eso, estos programas crean un ruido de fondo, sin silencios. Necesitamos el silencio porque con él recapitulamos, en poco tiempo, qué es lo que queremos hacer y si queremos estar donde estamos.

De hecho, se ha llegado a definir la música como el orden de los silencios porque, en dichos silencios, el cerebro predice que va a ocurrir. Concretamente en la música, al cerebro le encanta predecir la siguiente nota. De esta forma, compositores como Mozart, que hacen melodías tan predecibles, tienen tanto éxito.

¿Cuánto tiempo de silencio necesita una persona para darse cuenta de que iba a hacer otra cosa?
Por lo menos 1 o 2 segundos. De hecho, para que un proceso cerebral se haga consciente necesitas medio segundo. Si el silencio no llega a un segundo, el cerebro no llega a recapacitar ni logra desconectarse. Necesitas tiempo para tomar partido, reflexionar… y este tiempo no te lo dan estos programas de telebasura.

Cuenta muchas veces que el cerebro está hecho para predecir y no para recordar.
Pensamos, erróneamente, que el cerebro es un ordenador para almacenar. La realidad es que el cerebro está hecho para predecir, especialmente qué nos va a ocurrir si nos movemos. El cerebro no es un cajón donde metemos cosas; del cerebro salen cosas: predicciones.

Somos capaces de predecir (o al menos intentarlo) porque estamos acostumbrados a hacerlo. El cerebro tiene un reloj interno que nos permite saber dónde va a estar la pelota de tenis cuando intentamos golpearla. Este reloj interno, junto con una serie de circuitos intrínsecos del cerebro, miden el tiempo en el presente y en el futuro. Después, lo comparan con el pasado y nuestra experiencia. Somos un saco de predicciones con un poquito de pasado y mucha interpretación de lo que nos está ocurriendo en el momento.

Pero estamos continuamente intentando que nuestro cerebro acumule información…almacenar
El cerebro se llena. Hay que olvidar para recordar. He calculado que, en una carrera como medicina, en los dos primeros años, aprendemos 6000 palabras nuevas. Es un idioma nuevo. Para lograrlo, tenemos que olvidar muchas cosas antes.

De hecho, vamos olvidando aquello que no es tan interesante y recordando lo que sí lo es. Además, me gustaría destacar que los recuerdos son evocaciones. Somos capaces de volver a vivirlos y refrescarlos. Es más, al evocar estos recuerdos, vamos llenándolos de carga emotiva y los perfilamos, quitándoles lo que no nos gustaba de ellos. Así, nos acordamos de los bueno, que cada vez es mejor. Por eso, hacer diagnósticos en función del recuerdo es muy peligroso.

¿Nosotros decidimos qué olvidar?
Olvidamos aquello que no nos ha generado ningún sentimiento, lo que no está unido a una emoción positiva o negativa.

Hablando de cosas que emocionan… suele decir que lo más importante que le ocurre en el día es reconocerse a sí mismo en el espejo.
Todo lo que ocurre en la corteza cerebral es lo que nos permite decir que yo soy yo. Durante el sueño se produce una desconexión de la corteza cerebral con el resto del cerebro. Hemos estado varias horas desconectados y se tiene que volver a conectar el circuito. Y se conecta bien cada día. Por eso vas al espejo y te reconoces. Si fallase algo en esa conexión dejarías de ser tu.

De esta manera, me gusta decir que lo más importante que te ocurre durante el día es reconocernos en el espejo. Ha ocurrido algo fantástico: tu corteza se ha vuelto a conectar con tu sistema nervioso.

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