Covid-19: ¿Estamos ante el dilema del prisionero?

“La pandemia es el juego del dilema del prisionero que se repite continuamente”. Este es el argumento que manejan el biólogo matemático Chris Bauch y la ecologista Madhur Anand. En esta entrevista en el New York Times explican que cada día, en el contexto de pandemia, se presentan multitud de opciones para el individuo, pero el resultado depende de las decisiones que tomen los demás: “Esto es lo que se llama un ‘juego del dilema del prisionero’, en el que los jugadores sopesan la cooperación contra la traición, lo que a menudo produce un resultado peor para el bien común”, explican.

La vacuna agrega una capa más de complejidad al escenario. Bauch y Anand hacen hincapié en que los costes percibidos de la vacunación se expresan, a menudo, como preocupaciones sobre la seguridad y los efectos secundarios. Si un individuo está indeciso sobre si vacunarse o no, podría decidir no hacerlo en el momento que bajen las tasas de infección debido, precisamente al éxito de las campañas de vacunación. “Una vez más es el dilema del prisionero”, matiza Bauch. Y prosigue: Cuando los niveles de infección disminuyen, las personas se sienten menos en riesgo, bajan la guardia y después los niveles de infección aumentan nuevamente. Es el flujo entre nuestro comportamiento y el virus lo que provoca las curvas pandémicas“.

Bauch y Anand subrayan que si todo el mundo siguiera las recomendaciones públicas -usar correctamente la mascarilla, mantener la distancia social, lavado adecuado de manos- se reduciría de forma significativamente el riesgo de infección. Pero ¿las seguimos siempre? Estos expertos revelan que “siempre hay tentaciones para no seguirlas: las mascarillas pueden llegar a ser molestas, lavarse las manos es tedioso y, en ocasiones, necesitas un abrazo”.

¿Somos capaces de no caer en la tentación?

El Premio Nobel en Economía Richard H. Thaler y el asesor del expresidente Barack Obama, Cass R. Sunstein explican estas conductas en su libro Un pequeño empujón (nudge). Subrayan que la mayoría de nosotros somos conscientes de que la tentación existe y por eso, tomamos medidas para vencerla. El problema parece estar en que, en ocasiones, subestimamos el efecto de la excitación. De hecho, el economista del comportamiento George Loewenstein, le puso nombre a este fenómeno: ‘Desfase de empatía frío-caliente’. Su argumento giraba en torno a que en frío no siempre somos capaces de apreciar hasta qué punto se pueden alterar nuestros deseos y nuestra conducta cuando estamos bajo la influencia de la excitación. Según explica, esto “refleja una cierta ingenuidad respecto a los efectos que el contexto puede tener sobre la decisión”.

Thaler y Sunstein hacen hincapié en que las investigaciones recientes de la neuroeconomía “han hallado indicios que concuerdan con esta concepción del autocontrol dividido en dos sistemas”. De este modo, algunas partes del cerebro “sufren la tentación mientras que otras nos permiten resistirla evaluando cómo deberíamos reaccionar ante ella. A veces, las dos partes del cerebro entran en un conflicto serio, una especie de batalla”. Ahora, en plena pandemia, las Navidades pueden haber producido esta dicotomía: ¿me reúno con los míos a pesar de los riesgos que entraña para mis familiares vulnerables y puedo incluso contribuir a producir una tercera ola? ¿O por el contrario sigo las recomendaciones sanitarias y paso las fiestas con mi núcleo familiar? La decisión es nuestra pero el resultado final también dependerá del comportamiento del resto de ciudadanos.

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