¿Por qué tomamos “decisiones imperfectas”, incluso en plena pandemia? #SesgosCognitivos

Los gobiernos de todo el mundo han intentado poner freno a la pandemia por coronavirus cerrando negocios y colegios, limitando la circulación de las personas, confinando a la población y divulgando recomendaciones para evitar contagios. Pero hasta que la vacuna no logre la ansiada inmunidad sigue siendo necesario que el comportamiento de la población sea acorde a la situación que estamos viviendo.

En este sentido, el estudio Sesgos cognitivos en la comunicación y prevención de la covid-19 defiende la importancia que tienen las ciencias del comportamiento aplicadas a la gestión sanitaria de la pandemia. Su autora, Marta Cerezo -investigadora en la Universidad de Salamanca- resalta “la necesidad de apelar a la motivación colectiva y a una percepción del riesgo acorde a las circunstancias”, además de llevar a cabo un análisis de los sesgos cognitivos que podrían explicar “la imperfecta toma de decisiones individuales de la población”.

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¿Por qué no decidimos bien a pesar de la pandemia?

Cerezo subraya que las personas no siempre actuamos de la forma más correcta frente al coronavirus y se apoyan en las teorías de Tversky y Kahneman para explicar como determinados sesgos conductuales o heurísticos cognitivos puede llegar a interferir en nuestra racionalidad. Y es que “los sesgos cognitivos son atajos que emplea el cerebro cuando procesa información, pero puede llegar a entorpecer la toma de decisiones y provocar un comportamiento irracional o incorrecto”.

Además, estamos expuestos a altas dosis de incertidumbre por lo que nuestro cerebro recurre aún más a estos sesgos para dar respuesta -de forma rápida e impulsiva- a las situaciones nuevas derivadas de la pandemia. De esta forma, conocer estos sesgos es importante porque nos permite responder con determinados mecanismos y promover conductas socialmente responsables. En el informe, se presentan los siguientes:

  • La aversión a la pérdida: Kahneman y Twersky explicaron preferimos evitar una pérdida que obtener una ganancia. En el contexto de pandemia, la autora de este informe destaca que el sentir de la población va encaminado a pensar más en aquello que pierden con la crisis sanitaria que en lo que están ganando con las medidas a aplicar.
  • El efecto de arrastre: El sesgo anterior nos lleva hacia el bandwagon o efecto arrastre. Consiste en el que los individuos reproducen aquello que hace la mayoría de personas, con independencia de si es lo correcto o no. El ejemplo más claro en esta pandemia han sido los episodios en los que muchas personas acudían a los supermercados a adquirir más productos de los necesarios (recordemos las compras compulsivas de papel higiénico) por miedo a quedarse sin existencias y ante el comportamiento de pánico se producía el efecto arrastre.
  • Poco valor a las consecuencias del largo plazo: El ritmo frenético al que estamos sometidos produce que esperemos consecuencias y resultados de nuestras acciones a corto plazo. Por eso, “en el momento en que nuestro comportamiento implique una serie de consecuencias que no se verán hasta el largo plazo, la motivación de ejercerlos disminuye considerablemente”.
  • La autopercepción optimista: Consiste en la creencia de que es poco probable que nos sucedan cosas malas. “Las personas a menudo sobreestiman la probabilidad de eventos positivos y subestiman la probabilidad de que ocurran eventos negativos en el futuro”. De esta forma, este sesgo puede hacer que los individuos se sientan menos vulnerables que otros colectivos. Cerezo señala, como ejemplo, como al principio de la pandemia, se decía que el coronavirus afectaba especialmente a personas de edades avanzadas, por lo que los jóvenes y las personas de mediana edad no se sentían amenazados y podrían llegar a menospreciar las medidas de seguridad.
  • El sesgo de la disponibilidad: Consiste en “sobrestimar aquella información que se nos presenta más disponible y accesible, considerando que aquello que nos viene a la mente es lo más común o importante”. Aplicado a la pandemia, el estudio describe dos escenarios:
    • Personas que tienen la percepción de que la mayoría de la sociedad se salta las normas debido a que sus conocidos lo hacen o a la exposición de este tipo de información en los medios de comunicación. Cerezo subraya que este tipo de casos es importante reforzar la idea de que la mayoría de los ciudadanos son responsables y cumplen las normas con el fin de evitar emociones negativas o que estas personas sientan que su aislamiento y responsabilidad son vulnerados por quienes no siguen las recomendaciones sanitarias.
    • Individuos que reciben constantemente información sobre conocidos y familiares que han enfermedad y están en estado grave. Es probable que esta persona actúe desde el miedo y se sienta más vulnerable.
  • El sesgo de statu quo: El individuo no asume una situación de cambio y seguirá actuando de forma habitual. La autora explica que este sesgo ha aparecido en respuesta a las medidas de control ejercidas por el Estado. También subraya el peligro que puede conllevar para la salud pública si además se asocia esta actitud rebelde a un atractivo para los demás, como pueden ser los más jóvenes. Recomiendan apelar a los influencers y hablan de la utilidad que han tenido hashtags como #YoMeQuedoEnCasa motivando a los usuarios de las redes sociales a cumplir las recomendaciones sanitarias y creando un sentimiento de unidad.
  • El sesgo de confirmación: “Es la tendencia a buscar e interpretar informaciones que confirman nuestras percepciones o creencias. Así, se le da más importancia a los argumentos que refuerzan nuestras ideas preconcebidas que a aquellos que las contradicen”. Este sesgo aparece con las noticias falsas o conspiranoicas sobre el origen del virus. Para tratar de neutralizar estas fake news, la Policía Nacional ha publicado una guía contra los bulos del coronavirus y entes como RTVE ha lanzado la campaña Stop Bulos.

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